La Mala Galería
Reconquista 584
https://www.instagram.com/lamalagaleria?igsh=MWJ2bjA2MjNzdXlkNQ==
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Muestra Gallery 16 de mayo, OBSESIONES ACUMULADAS
Visita guiada a cargo de la directora de la galería
Los dieciocho artistas que participan de OBSESIONES ACUMULADAS son
Pablo Accinelli (Isla Flotante) / Josefina Alen (Constitución) / Diego Bianchi (Jocelyn Wolff) / Cynthia Cohen (MC galería de arte) / Mauro Agustín Cruz (La Mala Galería) / Lulo Demarco (hipopoety) / Tobías Dirty (Isla Flotante) / Alfredo Dufour (Constitución) / Martín Farnholc Halley (Constitución) / Raúl Flores (W-galería) / Max Gómez Canle (W-galería) / Carlos Herrera (Ruth Benzacar) / Guillermo Iuso (Ruth Benzacar) / Jazmín Kullock (La Mala Galería) / Valentina Liernur (Isla Flotante) / Cervio Martini (La Mala Galería) / Andrés Piña (Ruth Benzacar) / La Chola Poblete (Barro)
OBSESIONES ACUMULADAS, con curaduría y texto de Delfina Bustamante, es la primera muestra de La Mala Galería.
Estamos en Buenos Aires, las galerías abren y las muestras inauguran. Los artistas trabajan para las muestras, los curadores trabajan para las muestras, los galeristas trabajan para las muestras, la gente que va a muestras, va a las muestras, se toma vino o champagne, se celebra. Después las muestras cierran, las obras se cubren con pluribol y se suben a uno o múltiples fletes. A veces las galerías cierran también. Los artistas trabajan.
Este sistema productivo así de simple dicho, es, en efecto, muy simple, son cosas que pasan. Pasan en los lugares porque hay lugares, las obras se cuelgan en paredes porque hay paredes, y así. Lejos de querer ser tautológica me parece importante repasar en un sentido muy elemental algo que todos sabemos y de lo que participamos a diario. Esta muestra se trata de eso.
Decir lo que ya se sabe para restituir la intención con la que se lo dijo la primera vez, o también, decir lo que ya se sabe, una cierta cantidad de veces, para que emerja el absurdo.
A esta muestra no la necesita nadie, no hay una verdad que se imponga a ser observada, no hay lema rectificador de cuestiones pasadas, no hay formalidad ni formalismo imperante, casi tampoco hay tema. El tema son quizá las muestras, que no es o porque ya ocurrieron o porque son, en efecto, necesarias.
No voy a contar todas las etapas por las que, junto a la directora de este nuevo espacio, atravesamos para entusiasmarnos con hacer una exhibición así, que peca de obvia y que presenta a los nombres más rimbombantes de los últimos 25 años del arte local. Y sí, piensenlo, es obvio. Es obvio que Charly Herrera, Andrés Piña, Raúl Flores, Alfredo Dufour y La Chola compartan espacio, es obvio que las obras de Mauro Agustín Cruz y Max Gómez Canle se miren, es obvio que Toto y Martín estén juntos en una misma sala y es también obvio que una obra de Cervio Martini respire el mismo aire que una del artista Diego Bianchi. Hay cosas un poco más raras también, que por raras nos llegan a causar una suerte de fetiche, de error programático que da ganas de ver, como que dos pinturas, una de Cynthia Cohen, otra de Valentina Liernur, compartan pared. Que Raúl Flores comparta espacio con Jazmín Kullock es algo un poco impensado, y ni hablar de Lulo Demarco existiendo en un mismo marco de exhibición que MGC.
Hace poco di un paso más en mi asimilación al ecosistema de esta ciudad de la que supe ser un agente exógeno, y comencé a ir al psicoanalista. Sesión tras sesión intento transmitirle todas las intrincaciones por las que este sistema – palabra que me voy a dar la licencia de repetir muchísimo en este texto – me fascina y me perturba. Su respuesta: la endogamia produce obscenidad. Sí.
La desnaturalización es una herramienta fantástica para reubicarse en el mapa. Restituye valores fundamentales, piezas del rompecabezas, que por conocerles tan bien los huequitos y protuberancias ya ni observamos con atención. Quiero ser clara y decir que bajo ningún aspecto estoy proclamando que a estos artistas no se les preste atención, todo lo contrario. Las piezas obviadas acá no son los artistas, si no las relaciones de los artistas entre sí.
Por favor, no se aburran, o sí, abúrranse, las muestras están también para eso. Podríamos decir que este primer impulso de querer reunir lo obvio que hace rato no estaba reunido es lo que nos llevó a hacer una muestra así, y está bien, es válido, es lindo incluso, nos parece un motivo feliz, pueden dejar de leer este texto, si quieren, pero sigue:
Hacer un examen sociológico de cómo, para que se abra un espacio de estas características, en este preciso momento, en esta precisa área geográfica, por una galerista con estas precisas características, derrama necesariamente en la narración de una – en principio incompleta – biografía de esto que llamamos “el sistema”. Tratar a “el sistema” como a una persona a la que le pasaron cosas es, al menos, un ejercicio divertido para entenderlo. Entender que para que abra La Mala tuvo que antes haber abierto Miau Miau, Dabbah Torrejón, Zabaleta, Isla Flotante, Pasto, o el primer Sendrós, es hacer referencia a un tipo específico de galería que aquí se está retomando. También tuvieron que haber existido todos los arteba de la rural, la institución Carlos Herrera, la muestra de Diego Bianchi en el Museo de Arte Moderno, o haber entablado una amistad cercana con Pablo Accinelli. Son anécdotas, sí, de la vida de la galerista, pero también son síntomas. Huellas de este sistema y sus particularidades que de algún modo nos obsesionan lo suficiente como para poder decir que, en efecto, todo esto es importante. No hay espacio que se cuente a sí mismo desde cero, esta muestra se trata de eso. Natalia tuvo que haber visto muchísimas pinturas de Valentina Liernur para abrirlo. No hay espacio que nazca solo, Raúl Flores es como un tío para Natalia. No hay espacio que se cuente solo, Natalia piensa en la obra de Guillermo Iuso a diario. Todo esto es, sin dudas, importante. Si para hablar de un espacio nuevo hay que hablar de todas estas cosas es porque la idea de lo nuevo como lo que nace de la nada, joven, novel, inconexo, es un poco una falacia, esta muestra habla de eso.
Los artistas que aquí se exhiben tuvieron que haber hecho muchas otras muestras antes para que esta exista. Porque la crearon y esta muestra las evoca, como un susurro fantasmal, que les dice a todas esas muestras predecesoras: te recuerdo, me importás, todavía hablo de vos. Entonces sí, tenemos el síntoma y también tenemos el diagnóstico: obsesión. Para abrir una galería en esta ciudad hay que estar obsesionado con ella y con todo lo que pasó antes, con querer formar parte de una historia a la que se le habla. Y también, hay que tener sin dudas, una fuerte compulsión, la compulsión de abrir un espacio en un escenario en el que nunca parece propicio hacerlo, y la compulsión por hacer muestras, una tras otra. Llenar un espacio de obras para después descolgarlas, pintar las paredes, y volver a colgar otras, imprimir los textos, mandar las invitaciones, comprar las cajas de vino, y volver a repetir el sistema una y otra vez.
Si tomamos todo esto en cuenta, respecto de la biografía reciente de esta ciudad, y lo transmutamos especialmente a esta galería que ahora abre, adjudicando esa misma biografía a ella podríamos entonces, diagnosticarla. La Mala, una chica de 25 años con todos sus miedos, sesgos y obscenidades, no es que sea mala de por sí, sino que padece de algunos trastornos obsesivo compulsivos de los cuales felizmente nos tocará ver, en los años venideros, todos sus síntomas y brotes.
Delfina Bustamante



