microgalería
Loyola 514
@microgaleria
Microgalería es una galería de arte emplazada en una casa antigua de Villa Crespo, y es una plataforma de pensamiento, exhibición, circulación, música y poesía. Es una posibilidad de encuentros transversales y perimetrales desde donde militamos la expansión de la conciencia y a la vez, la concentración de la energía manifiesta, para que las prácticas cotidianas del hacer artístico tengan un sitio de resonancia y desarrollo.
microgalería funciona de manera manierista, intuitiva, desprejuiciada, visionaria, enamorada, inspirada, bendecida, tribal y deseante.
Nuestro designio es compartir alrededor de alguna belleza o alguna rareza, pensar la obra como parte de conversación o como francotiradora de la performance perfecta que es la vida. La obra que miramos nos mira. La obra como una revelación, una pregunta, un portal, un poema
Gallery Sábado 5 de septiembre Jardines Imaginarios con criaturas verdaderas de Mariana Robles
Curador: Rafael Cippolini
Bio:
Mariana Robles nació en Buenos Aires, en 1980. Desde 1998 vive en Córdoba. Es artista visual, egresada de la Escuela Figueroa Alcorta. Es Licenciada en Filosofía (UNC), Especialista en procesos y prácticas de producción artística contemporánea (UNC) y Doctora en Letras (UNC). Escribe poesías y publica libros de poema y libros ilustrados, entre ellos, “Retamas en la dimensión sin nombre” (cartografías, 2024) y “Bordar un Alfabeto” (Lote 11, 2025). La obra visual se desarrolla en torno al bordado, la cerámica, el dibujo y la pintura, “La escriba ágrafa” (CCEC) es una de sus últimas exposiciones individuales. Es docente de la FAD (UPC) e investigadora del Museo Caraffa. Actualmente, vive en las sierras de Córdoba.
En el cierre de la muestra presentación del libro de la artista: Artes Menores de Mariana Robles. Editorial Vaca Muerta.
Lee y presenta Leticia Obeid.
La escala de los prodigios
Sabemos que hay demasiadas obras que necesitan ampliar el mundo para volverlo extraordinario. Por eso me encanta que las de Mariana Robles produzcan exactamente lo contrario. Porque en ellas lo inusual ocurre cuando las cosas disminuyen de escala y pueden ser sostenidas entre los dedos. Observemos: una rama, un pájaro, una mano, un ángel, un vestido, una flor, una criatura sin nombre suficiente. O sea, bordar, coser, dibujar, recortar, unir. Cada operación parece derivarse de un saber anterior a la división entre arte y artesanía, o entre juego y trabajo, en eso que se contempla y aquello que se usa. Ahí donde lo menor no designa una jerarquía sino eso más cercano a una tecnología de la imaginación.
Por eso imágenes tienen algo de reliquias pertenecientes a una religión que todavía no fue fundada. Veamos. Miembros desprendidos que parecen conservar memoria del cuerpo; mantas capaces de alojar paisajes enteros; criaturas que podrían haber llegado desde una fábula y, sin embargo, poseen la obstinada materialidad de las telas, los hilos, las costuras. En ese régimen, una mano puede convertirse en territorio y un bordado funcionar como mapa. Las series —Manos mágicas, Infancia en el interior, Hada del árbol, Flores con rostros, El grillo y el unicornio, Criaturas del jardín— sugieren capítulos dispersos de una misma cosmología doméstica.
En Artes Menores, el libro que acompaña la muestra, una niña aprende a bordar antes que a hablar y más tarde los insectos le enseñan que también ellos son artesanos. Las arañas modelan el vacío con hilo y aire. Quizá convenga mirar estas piezas desde ahí, ya que una costura no representa una metamorfosis, sino que la ejecuta. Une materiales que antes estaban separados y produce un cuerpo que no existía. Es lo que logra que estas figuras resulten simultáneamente familiares e inclasificables. No sabemos del todo si estamos ante restos, juguetes, amuletos, personajes, fragmentos anatómicos o pequeños seres recién llegados.
Encuentro mucho de profundamente infantil en esa indecisión, siempre que entendamos la infancia no como inocencia sino como una época de enorme libertad ontológica; ese momento en que todavía es probable que una cosa sea varias a la vez. Mariana avanza precisamente sobre esa persistencia. Sus artes menores fabrican objetos para un mundo en el cual las clasificaciones todavía no terminaron de endurecerse. Por eso una manta puede contener una casa, una flor puede atrapar una cara, un grillo cruzarse con un unicornio y una mano prolongarse hasta volverse criatura.
Esas coordenadas en que todo lo pequeño conserva todavía el poder de transformarse.
Rafael Cippolini





